Y justo cuando la oruga pensó que era su final, se transformó en mariposa

viernes, 8 de mayo de 2015

La vejez


    Me llegará lentamente
    y me hallará distraído
    probablemente dormido
    sobre un colchón de laureles.
    Se instalará en el espejo,
    inevitable y serena
    y empezará su faena
    por los primeros bosquejos.

    Con unas hebras de plata
    me pintará los cabellos
    y alguna línea en el cuello
    que tapará la corbata.
    Aumentará mi codicia,
    mis mañas y mis antojos
    y me dará un par de anteojos
    para sufrir las noticias.

    La vejez...
    está a la vuelta de cualquier esquina,
    allí, donde uno menos se imagina
    se nos presenta por primera vez.

    La vejez...
    es la más dura de las dictaduras,
    la grave ceremonia de clausura
    de lo que fue, la juventud alguna vez.

    Con admiable destreza,
    como el mejor artesano
    le irá quitando a mis manos
    toda su antigua firmeza
    y asesorando al Galeno,
    me hará prohibir el cigarro
    porque dirán que el catarro
    viene ganando terreno.

    Me inventará un par de excusas
    para amenguar la impotencia,
    ´que vale más la experiencia
    que pretensiones ilusas´,
    me llegará la bufanda,
    las zapatillas de paño
    y el reuma que año tras año
    aumentará su demanda.


    La vejez...
    es la antesala de lo inevitable,
    el último camino transitable
    ante la duda... ¿qué vendrá después;
    La vejez
    es todo el equipaje de una vida,
    dispuesto ante la puerta de salida
    por la que no se puede ya volver


    A lo mejor, más que viejo
    seré un anciano honorable,
    tranquilo y lo más probable,
    gran decidor de consejos
    o a lo peor, por celosa
    me apartará de la gente
    y cortará lentamente
    mis pobres, últimas rosas.

    La vejez
    está a la vuelta de cualquier esquina,
    allí donde uno menos se imagina
    se nos presenta por primera vez.
    La vejez...
    es la más dura de las dictaduras,
    la grave ceremonia de clausura
    de lo que fue la juventud alguna vez.
      La vejez. Alberto Cortes

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